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Abogacía Internacional 2026: defendiendo el Estado de Derecho en un mundo fracturado

03/02/2026

Cada 3 de febrero se celebra el Día de la Abogacía Internacional, una fecha que invita a reflexionar sobre el papel de esta profesión en un mundo cada vez más complejo y fragmentado. 

Durante décadas, la abogacía internacional se ha desarrollado bajo un consenso básico: existía un orden jurídico internacional basado en reglas que, aunque imperfecto, era ampliamente aceptado. Sin embargo, como señala Natalia Martí, socia de RocaJunyent y diputada de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona, en su reciente artículo publicado en Expansión, hoy es cada vez más difícil ofrecer seguridad jurídica.

La invasión rusa de Ucrania, las tensiones entre Estados Unidos y China, el uso de sanciones internacionales como arma política y el retroceso en materia de derechos humanos e independencia judicial establecen un marco jurídico inestable. Nos encontramos defendiendo intereses en contextos donde las propias reglas son cuestionadas, donde empresas europeas con inversiones en Rusia quedan atrapadas entre tratados de protección de inversiones y regímenes de sanciones, o donde inversores españoles deben recurrir al arbitraje internacional ante la pérdida de independencia de tribunales locales.

En palabras de Natalia Martí: "el abogado internacional se convierte en algo más que un técnico jurídico: es un guardián del rule of law. Nuestra responsabilidad no es solo ganar casos o cerrar operaciones; es defender, en cada actuación, la idea de que el derecho debe prevalecer sobre la fuerza". Los colegios profesionales tienen la responsabilidad de alzar la voz cuando se ataca la independencia judicial o se persigue a abogados por defender a sus clientes. Como subraya la autora, "no podemos ser neutrales ante la erosión del estado de derecho".

Todo ello sucede en un momento en que la profesión debe afrontar además el desafío tecnológico de la inteligencia artificial, exigiendo protocolos deontológicos y garantías de que la tecnología democratice el acceso a la justicia. Podemos aspirar a una abogacía internacional que, sin renunciar a la excelencia técnica, se entienda como guardiana de valores de convivencia, que defiende el estado de derecho incluso cuando es inconveniente, y que asume que el acceso a la justicia es un derecho y no un privilegio.

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