
Passportgate en la Eredivisie: claves de la sentencia que evita repetir 133 partidos
Un partido de fútbol, un jugador sin pasaporte en regla y 133 encuentros que podrían haber quedado sin efecto: esto es el 'Passportgate' de la Eredivisie.
Un tribunal neerlandés acaba de cerrar el camino judicial que abría la puerta a repetir más de cien partidos. Esta es la historia y las claves de una sentencia tan llamativa como técnicamente precisa.
Para entender la trascendencia de esta resolución, es necesario retroceder a marzo de 2026. La Eredivisie, la primera división del fútbol de los Países Bajos, llevaba meses conviviendo con una situación que nadie había detectado: varios jugadores con raíces indonesias, surinamesas o caboverdianas habían aceptado representar a esas selecciones nacionales sin saber que, al hacerlo, habían perdido automáticamente su nacionalidad neerlandesa. La razón es que el ordenamiento jurídico neerlandés establece que la adquisición voluntaria de una nacionalidad extranjera conlleva automáticamente la pérdida de la nacionalidad neerlandesa. Al tratarse de países no pertenecientes a la Unión Europea, estos jugadores pasaban a necesitar un permiso de trabajo para ejercer su profesión en los Países Bajos, cuya obtención exige para mayores de 21 años un salario mínimo de 608.000 euros anuales, umbral que la gran mayoría no alcanzaba. En torno a 25 jugadores se encontraban en esta situación, compitiendo con plena normalidad sin ser conscientes de que carecían de la habilitación necesaria para hacerlo.
La crisis estalló cuando un comentarista señaló en un pódcast que el jugador del Go Ahead Eagles, Dean James, podría haber perdido su nacionalidad neerlandesa al aceptar la convocatoria de la selección de Indonesia y, por tanto, podría haber disputado sin el preceptivo permiso de trabajo el partido del 15 de marzo de 2026 contra el NAC Breda, que el Go Ahead Eagles ganó por 6-0. Cuatro días después, el NAC Breda presentó una denuncia formal ante la Real Federación Neerlandesa de Fútbol (KNVB), solicitando la nulidad del partido y su repetición. Lo que había comenzado como un comentario en un programa deportivo pronto se convirtió en una crisis sistémica: según la KNVB, en 133 partidos de la competición habían participado jugadores que no estaban habilitados para jugar.
La decisión de la KNVB: el partido no se debía repetir
Antes de que el asunto llegara a los tribunales, correspondía pronunciarse al órgano federativo competente. El 8 de abril de 2026, el consejo de competición de la KNVB encargado de la supervisión de los partidos de la Primera División y la Segunda División masculinas, resolvió no declarar nulo el partido disputado el 15 de marzo de 2026 entre el NAC Breda y el Go Ahead Eagles, pese a haberse acreditado que un jugador de este último equipo no estaba habilitado para jugar. En consecuencia, tampoco ordenó su repetición. El NAC Breda recurrió esa decisión ante el Tribunal de Primera Instancia de Midden-Nederland, con sede en Utrecht", solicitando que el tribunal obligara a la KNVB a revocar su acuerdo y a ordenar la repetición del encuentro.
Las dos claves de la sentencia del Rechtbank Midden-Nederland publicada este pasado lunes
El núcleo de la controversia jurídica no residía en si el jugador estaba o no habilitado para jugar, sino en si la KNVB estaba obligada a declarar nulo el partido y ordenar su repetición. Para resolverlo, el tribunal interpretó el artículo 7 del reglamento de competición del fútbol profesional neerlandés (“RWBV” por sus siglas en neerlandés), y extrajo dos conclusiones determinantes:
Primera clave: sin “borrar” el primer partido, no hay repetición
El artículo 7(4)(b) del RWBV establece que el consejo de competición "puede" declarar nulo el partido si así se solicita. Ese "puede" (kan en neerlandés) es la clave del fallo: expresa una facultad, no una obligación. El mismo término aparece en el apartado anterior del mismo artículo para reconocer al fiscal de fútbol profesional la libertad de decidir si tramita o no un expediente disciplinario. Sería jurídicamente incoherente que una misma palabra, en un mismo artículo, otorgara discrecionalidad al fiscal pero impusiera una obligación automática al consejo de competición de la KNVB.
A ello se añade que la nulidad del partido y su repetición son dos decisiones autónomas y sucesivas. El reglamento utiliza el término overspelen (traducido literalmente como "volver a jugar") para referirse a la repetición, pero en su sentido técnico y conforme la sentencia implica algo más preciso: rehacer un partido cuyo resultado ha sido previamente anulado. La repetición es, por tanto, consecuencia de la nulidad, nunca un acto independiente. Esto desarticuló el argumento central de NAC Breda: el club sostenía que, al encontrarse en zona de descenso, el partido debía repetirse necesariamente. Sin embargo, si el consejo de competición no declara nulo el partido en primer lugar, la cuestión de la repetición nunca llega a plantearse.
Segunda clave: la dimensión sistémica de la crisis justifica apartarse de la política habitual
El control judicial sobre la decisión del consejo de competición es limitado: el tribunal únicamente verifica si este ponderó razonablemente todos los intereses en juego. La KNVB reconoció que su política habitual es ordenar la repetición cuando un jugador no está habilitado para jugar, pero esa política está concebida para incidentes individuales y aislados. La situación aquí era radicalmente diferente: 133 partidos afectados simultáneamente, con solo cuatro jornadas por delante antes de que concluyera la competición.
Dicho en términos futbolísticos: la KNVB no puede ignorar a un jugador que se cuela indebidamente en un partido puntual, pero cuando el problema afecta a más de un centenar de partidos a la vez, aplicar la norma ordinaria hubiera generado un caos mayor que el propio problema.
La sentencia cierra el debate judicial, no el debate jurídico
La sentencia es susceptible de recurso de apelación. Sin embargo, la propia naturaleza del conflicto hace que la viabilidad práctica del recurso sea prácticamente nula: quedan apenas doce días para que concluya la Eredivisie, un plazo manifiestamente insuficiente para que un tribunal de apelación pudiera ordenar la celebración de 133 partidos y más habiendo resuelto en este sentido el Tribunal de Primera Instancia. El tiempo, que ha sido precisamente uno de los argumentos determinantes del fallo, juega ahora también en contra de cualquier impugnación.
Con esta sentencia parece que se cierra el culebrón sobre si debían repetirse los partidos de la Eredivisie afectados por la crisis de elegibilidad. Desde la perspectiva del Derecho español, la resolución tiene un interés jurisprudencial limitado: se trata de una decisión anclada en el ordenamiento jurídico neerlandés que no invoca ni desarrolla ningún principio de Derecho de la Unión Europea. Sin embargo, sí consagra una idea que trasciende las fronteras: los organismos federativos disponen de un margen de apreciación real para apartarse de sus propias políticas cuando la dimensión sistémica de un problema hace que los precedentes ordinarios resulten inaplicables. Dicho de otro modo, la excepcionalidad de los hechos puede justificar soluciones excepcionales.
En el plano del fútbol español, este principio recuerda a la creación de los playoffs de Segunda División B durante la pandemia de COVID-19, cuando la Real Federación Española de Fútbol diseñó un sistema extraordinario para resolver los ascensos y descensos de una temporada que no pudo completarse en condiciones normales. En ambos casos, la realidad desbordó el reglamento y los organismos competentes tuvieron que adaptarse a ella.
En el fútbol, como en el Derecho, cuando la realidad desborda la normativa, quienes aplican las normas tienen que decidir si se aferran a ellas o buscan soluciones. La Eredivisie eligió lo segundo. Y un tribunal le ha dado la razón.
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